Día 9. Noche y Día (Escritober 2020)


    Ersta, a raíz de enterarse de que un universo ajeno al suyo existía, no paraba de hacer preguntas a las ancianas. Disfrutaba por igual escuchando a las tres. Enseguida supo distinguir que Uvrou era la más sabia en cuanto a conocimientos sobre flora y fauna se refería, además de las distintas civilizaciones que habían poblado tanto Boek como su mundo original; aquella anciana sentía una verdadera fascinación por la vida y el fin de esta. Según ella misma decía, ver cómo el tiempo afectaba de una manera u otra a diferentes criaturas y culturas era algo que le hacía entender mejor su propia vida. Por otro lado, Gemielde, que era la mediana, disfrutaba el arte de la magia. Le salía de manera natural controlar cosas como el tiempo de crecimiento de las plantas o personas, poder ver el futuro o mezclar elementos para formar todo tipo de uniones o conjuros que sólo ella era capaz de conseguir. Las tres ancianas eran magas, y las mejores que Ersta había visto, pero Gemielde era la mejor en ello. Mientras que Uvroy y Telyn sólo podían ver una vaga imagen de lo que en el futuro iba a ocurrir, Gemielde podía distinguir cada minuto y cada persona que protagonizaban los eventos venideros que quería visualizar. Fue por eso que, por orden expresa de Ersta, no debía decir a nadie lo que había visualizado sobre la guerra que en un tiempo lejano amenazaría la paz de Boek.

    Pero, sin duda, la que más le sorprendía era Telyn, la anciana menor. No tenía ningún tipo de especialidad, y era eso lo que más le fascinaba sobre ella. Aquella mujer se dedicaba únicamente a hablar. Allá donde estuviese se escuchaba su aguado pero tranquilo timbre de voz contando alguna historia o algo de lo que acababa de enterarse, y ese era el motivo por el que le gustaba tanto a Ersta. Era una persona feliz, que lo transmitía siempre que podía, y que adoraba hablar sobre las cosas que había en su antiguo universo. La reina sentía demasiada curiosidad por conocer las diferencias entre Boek y aquella tierra desconocida a la que, según las ancianas, era muy fácil tener acceso, pero no era aconsejable ir.

    Telyn una vez le contó cómo, en su mundo, los días tenían un día y una noche. El día estaba dominado por el sol y la noche por la luna. Ersta automáticamente entendió a lo que la anciana hacía referencia, pues en Boek también existía aquello, pero de forma más literal.

    —Quiero compartir un secreto contigo, Telyn —dijo Ersta—. Bueno, mejor voy a enseñártelo.    

    La Creadora cogió el brazo de la anciana y, cerrando los ojos, apareció en una localización completamente nueva. Ya no estaban en palacio, sino que estaba a las puertas de una pequeña casa de piedra, cuyo tejado era de un tono entre amarillo y marrón. El paso del tiempo había hecho imposible distinguir el color original de aquellas tejas.

    —¿Dónde estamos? —preguntó Telyn.

    —Estamos en Sonam. El hogar de las primeras criaturas que existieron en Boek.

    —Pero mis hermanas y yo creíamos haber conocido a todas las criaturas que habitaban este mundo —dijo confusa.

    —Estabais en lo cierto. Conocéis a todas las criaturas que vuestros ojos os dejan ver, pero estos seres sólo se presentan ante mí y, ahora que se que estoy embarazada, ante las futuras herederas al trono —afirmó la reina.

    —¿De qué criaturas se tratan?

    —Te voy a otorgar el don de que tú seas capaz de verlas también, pero al acabar borraré tu memoria.

    —¿Cómo? —preguntó horrorizada— No hay nada más cruel que otorgar conocimiento para arrebatarlo al instante.

    Ersta presionó con un dedo entre las cejas de Telyn, y la anciana notó un escalofrío recorrer su cuerpo entero. De pies a cabeza, una corriente parecida a la eléctrica la sacudió e hizo que tuviese un pequeño y breve mareo.

    La reina la agarró de la mano y tiró de ella, todavía mareada, hacia el interior de la casucha. La oscuridad era demasiado densa para distinguir algo aparte de sombras, pero poco a poco la visión de Telyn se fue agudizando hasta el punto en el que pudo ver a una figura, cuyo pelo ardía en llamas, tumbada sobre el suelo de aquella casa.

    —¿Esa mujer tiene el cabello prendido? —preguntó la anciana.

    De todas las criaturas que habitaban en Boek, que no eran precisamente pocas o muy comunes, esa era la más inusual que había presenciado.

    —No es una mujer. No tiene género.

    —¿Cómo se llama? —preguntó, incapaz de apartar la mirada de aquella bella creación.

    —Se llama Sonlig. Es el espíritu del Sol.

    Los ojos y boca de Telyn se abrieron hasta que ocupaban toda su cara. El sol de Boek tenía forma humana, o al menos lo suficientemente parecida a una.

    —Si aquí está el sol, ¿dónde está la Luna?

    —El espíritu de la Luna, a quien llamo Maanlig, está en el otro extremo de Boek —dijo Ersta—. En otra casa, llamada también Sonam, es donde reposa Maanlig.

    Ersta, que ya había enseñado a Telyn lo que quería, agarró a la anciana del brazo y, haciendo la fuerza suficiente como para despegarla de la llamativa figura llameante, salió de la casa.

    —He decidido que no voy a borrar tu memoria —confesó la reina.

    Telyn se sorprendió, algo que su rostro hizo evidente.

    —No pongas esa cara. Pretendo hablar a mi hija sobre esta situación, y espero que ella haga lo propio con su futura hija, pero en algún momento, como bien dijisteis vosotras —dijo haciendo referencia a la guerra futura—, una de mis descendientes no vivirá lo suficiente como para dejar constancia a sus hijas de que estas criaturas existen, y es algo que jamás se puede olvidar, aunque sea secreto.

    La reina inició un paseo para contar con el tiempo que necesitaba para narrarle lo que sucedía a la anciana.

    —Sonlig y Maanlig son creaciones mías, como bien habrás deducido —dijo a la par que Telyn asentía con la cabeza—. Fueron mis primeras creaciones y me equivoqué.

    —Usted no se equivoca, o eso dicen.

    —Es la única vez que me he equivocado —confesó—, pero es un error eterno. Esa criatura que has visto y su contraparte, son inmortales. Son las únicas creaciones que jamás morirán, aunque llegue el fin del mundo que conocemos como Boek, que probablemente será propiciado por ambos.

    —¿Cómo dice? —dijo estupefacta la anciana ante la posibilidad de que hubiese un fin del mundo.

    —Sonlig y Maanlig son hermanos. Fueron creados al mismo tiempo, a raíz de la misma chispa —la reina pensó y prosiguió—. Tu me dijiste que, en tu mundo, cuando el sol y la luna se encuentran se crea un fenómeno maravilloso.

    —Sí, se llama eclipse —dijo la anciana.

    —Pues si el espíritu del Sol y el espíritu de la Luna se encuentran en Boek, la fuerza de ambos será tal que el reino desaparecería en una explosión lo suficientemente grande como para borrar todo lo que he creado.

    —¿Por eso están tan alejados el uno del otro?

    —Sí, y ninguno sabe de la existencia del otro —admitió la reina—. Solo existe lo que se recuerda, y en sus mentes no existe el hecho de que son hermanos, porque no se acuerdan. Yo misma les borré la memoria, pero como siempre, una memoria no se puede borrar completamente.

    —Hay algo que todavía los une, ¿verdad?

    —Así es. Ambas casas están totalmente protegidas del mundo exterior, pero siempre puede haber accidentes. Si Sonlig ve la luz de la luna o Maanlig ve la luz del sol, todos sus recuerdos volverán, y harán todo lo imposible por volver a estar juntos de nuevo.

    Ersta miró fijamente a Telyn.

    —Si en algún momento alguno se escapa, tienes que hacer todo lo posible para que no se toquen —agarró a la anciana por los hombros—. En el momento en el que se toquen, muere Boek.

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