Día 4. Secreto (Escritober 2020)
—Hace mucho que no se nada sobre Aperia. ¿Qué tal le va todo? —preguntó Gemielde.
—Pues le va muy bien. Ya se ha ganado el respeto de todo el reino de Lug y, además, parece que está interesada en un ángel —contestó Telyn.
—¿Interesada?
—Sí. Su nombre es Cora y, según las palabras de Aperia, es muy bella.
—Cora... —asintió— Es un nombre precioso.
En ese momento, Hidoi entró a la sala e interrumpió la sesión de relajación de ambas ancianas.
—Vaya. No sabía que había gente en la habitación. Perdonadme —dijo Hidoi.
—No te preocupes querida —Telyn dejó el té sobre la mesa y se acercó a Hidoi para darle un beso—. Estás muy guapa. ¿A dónde vas?
—Viene —interrumpió Gemielde—. Salió ayer en la madrugada a una de esas tabernas que frecuentan los jóvenes y se acaba de recoger.
—Déjala que disfrute. Dentro de poco sus obligaciones de reina harán que no pueda visitar ninguna taberna, y mucho menos fuera del Pueblo Rico.
Hidoi se sentó en una de las butacas aterciopeladas que había alrededor de la mesa y cogió entre sus manos una taza de té caliente. Le dio un sorbo y se relajó sonriente.
—Tú estás demasiado contenta, ¿no? —preguntó Gemielde con una mueca de sospecha en la cara.
—Seguro que es porque ha conocido a algún muchacho en Sendu.
—Puede que lleve un tiempo viéndome con alguien...
Telyn, que si por algo se caracterizaba era por su insana necesidad de saber todos los acontecimientos que ocurrían en los tres reinos, se sentó rápidamente en una de las butacas y la acercó lo máximo posible a la de Hidoi.
—Cuéntamelo todo. ¡Qué emoción! Nuestras niñas se hacen mayores, Gemielde —dijo con entusiasmo ante la sonrisa de su hermana.
—Pues hoy he ido a la taberna con ella. Nos hemos encontrado allí y hemos bailado. Me ha dado esta pulsera con una única condición. La próxima vez que quedemos tengo que devolvérsela, y como una reina no puede romper su palabra, se asegura de que volveremos a vernos —enseñó su muñeca mientras esbozaba una sonrisa.
—Cariño, ¿esa pulsera no pertenece al reino de Lug?— intervino Gemielde.
—Ay. No seas tan antigua —dijo Telyn—. Esto ya no es como en el pasado. Ahora un ángel y una sirena pueden ser pareja perfectamente. Además mírala, que un poco más y le llega la sonrisa a las orejas.
—Vosotras os creéis que sois muy modernas, pero yo en mi juventud no me quedaba atrás —dijo Gemielde.
—¡Abuela!
—No he dicho ninguna mentira —dijo riendo—. Sigue contándonos.
Hidoi se levantó de la butaca y se asomó a la ventana, recordando la noche que había vivido.
—Es la primera vez que visitaba esa taberna. Está en Ciudad Blanca, bastante lejos de aquí, pero es pequeña y preciosa. Cuando llegué, ella ya estaba ahí, y lo primero que hizo fue obligarme a bailar, llevándome de la mano al centro de la taberna —suspiró—. Estaba nerviosa, así que no recuerdo mucho, pero sé que todo el mundo nos miraba como si los hubiésemos hipnotizado —Hidoi miró de reojo a Telyn—. Mira. Así.
La reina se giró rápidamente y, por sorpresa, cogió a Telyn de las manos. La condujo hasta el centro de la sala y empezó a bailar con ella al ritmo de las palmas de Gemielde, que reía al ver a su hermana siendo lanzada por los aires. Daban vueltas y vueltas por la habitación, y solo pararon de girar cuando Hidoi se cansó. Soltó a la anciana y se dejó caer en la butaca.
—Ojalá volver a ser joven —dijo Telyn intentando mantener el equilibrio—. A esta edad doy tres vueltas tontas y ya veo como todo gira a mi alrededor.
Hidoi apuró su taza de té y volvió a rellenársela, junto a las de Gemielde y Telyn.
—Bueno, ¿cómo se llama la muchacha? —preguntó Gemielde antes de absorber el líquido de su vaso.
—Es un nombre precioso. Se llama Cora.
Nada más escuchar el nombre salir de los labios de la reina, ambas ancianas escupieron el té. Gemielde dentro de la taza y Telyn al aire.
—¿Qué pasa? —preguntó Hidoi— A mí me parece un nombre bonito.
—Es un nombre muy bonito, mi niña. Solo que...
—No se acostumbra a que sea un ángel —interrumpió Telyn, antes de que Gemielde pudiese meter la pata y hablar de más.
—Pues deberías ir acostumbrándote, abuela —hizo una pausa—, porque Cora y yo hemos decidido ser madres.
Las dos ancianas se quedaron estupefactas mientras que la reina salió rápidamente de la habitación, después de soltar la noticia.
Durante varios minutos, lo único presente en la sala fue el silencio ensordecedor que trajo consigo aquella noticia. Hidoi y Cora, el ángel de la que se había enamorado Aperia, habían decidido que iban a ser madres juntas. Las dos ancianas preferían mantenerse calladas, pero era demasiado incómodo. Ambas sabían que, en el momento en el que Aperia descubriese aquella situación, tanto su hermana como Cora pasarían a ser personas a las que la reina de Lug preferiría muertas.
Fue Telyn la que, entre tanta incomodida, decidió romper el silencio.
—Madre mía. No quiero ni pensar en qué pasará cuando Aperia se entere.
—Nada —dijo bruscamente Gemielde—. No se puede enterar, Telyn. Ambas tienen una relación complicada, como Aperia se entere de que ese ángel va a tener un retoño con Hidoi podría arder Boek.
Ambas quedaron en silencio de nuevo, procesando todavía la información que acababan de escuchar.
—Voy a por ella, que se habrá molestado porque le has dicho que no respeto que esté con Cora. Aunque, como siempre, vuelvo a estar en lo cierto.
—Adiós, hermana.
—¿Qué pasa? —preguntó Aperia ante la interrupción de su abuela.
—Cora e Hidoi van a tener una hija.
Me ha encantado Ricardo!!! 🥺😚 sigue así!
ResponderEliminar