Bahar

Odiaba el invierno. Odiaba todo lo que aquella estación traía consigo. Odiaba el viento, odiaba las noches frías, pero sobre todo odiaba el recuerdo de la sangre de mi padre tiñendo la espesa nieve de un rojo vivo y humeante. Hace ya un lustro que fue asesinado, yo tenía diez años cuando vi cómo le cortaron la cabeza delante de mí y esta, como la manzana que cae del árbol, llegó rodando hasta mis pies. Clavé mi mirada en sus ojos sin vida, y noté cómo la sangre borbotaba y empapaba mis zapatos, los mismos que a día de hoy era forzada a vestir pues nadie me obsequiaba con un nuevo par. Por mí iría descalza, pero el frío invernal calaba en mis huesos aún llevando aquellos roídos zapatos; sin ellos ni siquiera podría ponerme en pie por las mañanas. Aquel frío era devastador, y mi cuerpo notaba su influencia. Durante cinco años fui forzada a dormir sobre una manta desgastada en el suelo, donde las bajas temperaturas castigaban y torturaban mi cuerpo. Tenía quince años, pe...